Movimientos sociales para otro presente y futuro común

En los tiempos de la gran trasformación en que estamos – y serán largos – los movimientos sociales tienen mucho que aportar y decir junto a los que no tienen voz o no se les quiere oír en su silencio sonoro. Toni Puig 

El futuro, sin la energía de los movimientos sociales, sería más chato, deslavazado y poco común.

1. Los movimientos sociales vinculan a una gran multitud plural de ciudadanos para una causa de valor indispensable para lo común, olvidada, borrosa, desdibujada… por el gobierno y quienes lo acostumbran a sostener, el sector de los ricos, con sus negocios extractivos, abusivos, insolidarios y, muy a menudo, mafiosos.
2. El vínculo, la suma, crea una explosión democrática excesiva que inunda las plazas de las ciudades con debates, acuerdos, reivindicaciones, celebración, happening, gritos de alerta.
3. Que empujan vida liberada: conciencia más abierta, colaborativa/igualitaria, creativa/innovadora… en los ciudadanos del movimiento y los de la ciudad/país con vehemencia.
4. Los movimientos sociales anulan, en el tiempo que duran, la individualidad narcisa de demasiados ciudadanos, que ahora se sienten unidos para impulsar una causa justa, necesaria y urgente: conforman una comunidad común ejemplar, visible.
5. La plaza ocupada, liberada, se transforma en lugar de encuentro, lugar de vida otra, espacio de unión, un proyecto de futuro, un motor de transformación.
6. La plaza integra ciudadanos que, a la vez que proponen, empiezan a lograr un horizonte de lucha frente abusos, olvidos o mala fe.
7. Plantean, pues, conflicto: el paro, la pobreza, la reducción de renta en las clases medias frente a la excepcionalidad de las aportaciones de los ricos, la poca calidad democrática, los terribles problemas de los desahucios de viviendas, el hambre, la desnutrición de los niños, la contaminación, las injusticias múltiples…
8. E intensifican el abordaje de alguna cuestión ya inaplazable.
9. A menudo, lo que se propone está entre la legalidad y la
legitimidad: supone novedad.
10.Todo lo que ocurre en la plaza, lugar privilegiado de democracia,
acostumbra a presentarse y a visibilizarse como un gesto de ruptura excepcional, porque cuestiona la autoridad del gobierno o el imperativo de la economía explotadora.
11.Un movimiento social no le tiene miedo al conflicto que suponen los ilegalismos.
12.Su lucha es siempre absolutamente no violenta.
13.¿Por qué son indispensables los movimientos sociales, pues?
Porque provocan, mediante acciones aisladas, una llamada a la renovación de la democracia y la política. En un horizonte de igualdad común.
14.Un consejo: no hagáis nunca nada en contra de: haced siempre algo a favor de. Lo positivo moviliza mejor y sacude conciencias, despertando a pasivos, impulsando inteligencia creativa otra.
15.Todo movimiento social es un grupo heterogéneo para la acción dentro de un tiempo acordado, que concentra energías para transformarlas en capacidad colectiva, que presiona para una causa de vida más igual, más intensa, menos sometida.
16.Piden ruptura, cambio, transformación, soluciones otras, frente a lo que la política, desde sus organismos, viene haciendo, los partidos
propician, los medios de comunicación difunden y, siempre, los
financieros inspiran.
17.Los movimientos sociales impiden que nos acomodemos a un
cretinismo acrítico y tragalotodo.
18.La igualdad debe ser la gran divisa de todos los movimientos
sociales, desde todos los temas y todos los ángulos.
19.El gran reto: auto-disueltas las plazas, ¿qué hacer para prolongar su
resonancia hasta lograr lo acordado?
20.Necesitamos una constante alianza entre movimientos sociales y el
sector de las asociaciones civiles, que deben reorganizarse en red para que, aquello de nuclear que los movimientos sociales proponen y los ciudadanos acuerdan en las plazas, tenga continuidad en el plural sector de las asociaciones, que trabajan desde lo micro de los barrios a lo macro de las ciudades y los países.
21.Sin movimientos sociales activos para lo procomún, la democracia no se reinventa: se fosiliza.
22.Sus activistas son la sal indispensable para la renovación democrática: nuevos políticos desde las plazas, nuevos sistemas de cogestión de lo común, una agenda de prioridades públicas olvidadas u orilladas, nuevos líderes sociales relacionales…
23.Los movimientos sociales mantienen un contacto piel con piel con los problemas y los retos de los ciudadanos urgentes: los visibilizan en las redes sociales y las plazas, facilitando conciencización y cambios.
Los movimientos sociales son, pues, efímeros y ondulantes, pero felizmente siempre regresan. Tienen un inicio, hoy básicamente en las redes sociales, que arden por una causa, y derivan en una convocatoria en alguna plaza pública, impulsando una movilización ciudadana horizontal que está harta de abandonos, impotencias comunes, manipulaciones. Está indignada por cosas concretas, constatables, escandalosas en cualquier democracia. Entonces se inicia un proceso ascendente de incorporaciones individuales a movimientos muy conscientes, hay una espléndida comunicación implicativa multicanal, la misma plaza se convierte en un espacio de debate democrático, las interrelaciones suben de tono y de intensidad, se realizan performances donde la ciudad muestra su talante más genuinamente democrático, porque facilita la palabra a todos y, juntos, nos escuchamos.
Así se llega al clímax del movimiento: esbozan, en la plaza, compromisos para lo común, que cuestionan y piden respuestas a lo político y
económico, siempre cuestiones relacionadas con la causa de valor que ha provocado la movilización. Debe evitarse radicalizaciones y extremismos: el consenso para lo común diferente y la igualdad es la mesura que surge del diálogo abierto y el pacto compartido. Debe evitarse, también, la tentación de acrecentar el movimiento para que sea sólo más y más grande: el movimiento es un flujo de presión intelectual y emocional, no un parlamento organizado y atemporal. A menudo, el clímax comporta optar por la desobediencia civil durante el tiempo de permanencia en la plaza: a la poli estas ocupaciones la ponen nerviosa, al gobierno sordo sus nervios le explotan y la gorda mafia económica incendia los medios de comunicación para que el sacrosanto orden de lo solo económico regrese al centro de la ciudad. Esta desobediencia civil a menudo es complicada, porque siempre hay un pequeño grupo de exaltados que les va provocar y enfrentarse a la poli.
Todo movimiento social termina con un proceso descendente. Debe cerrarse bien la movilización, con los acuerdos programados, agradeciendo a todos la colaboración creativa, indicando qué acciones se van a emprender con el gobierno y las instituciones. Optar por derivas, alargamientos, encuentros posteriores sin plazos ni perspectivas… arruina la energía que la plaza ha concentrado. Es bueno, en este cierre meditado, proponer opciones-acciones personales y en grupo/asociaciones.
Todo movimiento es primavera democrática.
Y, como tal, siempre renace.
Para el día a día tenemos la democracia colaborativa y creativa, que la red de las asociaciones civiles en todos los barrios de la ciudad y todos los pueblos de un país mantienen en tensión pro-común.

Toni Puig/ www.tonipuig.com / Barcelona, 2016